Un cumpleaños más. El hermano de Elizabeth ha cumplido hoy 10 años. Ese pequeño al parecer es una de las pocas conexiones emocionales profundas de Liz, es uno de los únicos seres que poseen un trozo de su corazón.
Ver la cara triste de su hermano, la deprime, y le hace pensar, lo asqueroso que va ser su cumpleaños la semana entrante. Desde su mente deseaba olvidar ese día, pues había considerado que era mejor para todos, y sobre todo para ella, fingir que no cumplía años. Lo pensaba con firmeza. Y en su semblante frío y en sus ojos llorosos casi se leía su determinación.
Que cojones importa? No es como si estuviera feliz de dejar la niñez, de adentrarse en una muerte cada vez más horrible para ella. Sí, no era apática a la muerte, pero no quería vivir un montón de años aspirando el aire de los más jóvenes y hermosos. No quería ser una sanguijuela aspirando vidas, y si iba a morir era mejor que lo hiciera en sus años mozos, cuando su belleza quedara implantada en el último recuerdo de las gentes.
Ignoraré mi maldito cumpleaños. Me importa un bledo toda esta cuestión. Llegaré a dormir a mi casa y estaré feliz con ello.
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